Detienen a una de las imputadas por la desaparición de Marita Verón en una causa por drogas
Se trata de Lilian Medina, sospechada de haber retenido a la joven en un prostíbulo de su propiedad. En varios allanamientos, secuestraron marihuana y hallaron fotocopias de documentos de mujeres que la detenida no pudo justificar.
En una investigación por drogas, la policía detuvo en las últimas horas a la ex propietaria de varias whiskerías en la capital de La Rioja, quien actualmente es juzgada en la provincia de Tucumán por la desaparición de María de los Angeles 'Marita' Verón.
Se trata de Liliana Medina, madre de Fernando "El Chenga" Gómez, quien fue detenida junto a otras cuatro personas. Según fuentes judiciales, en los procedimientos se encontró fotocopias de documentos de mujeres, de los que no se pudo explicar su origen, y se secuestró un kilo y medio de marihuana.
La policía riojana realizó tres allanamientos en diferentes locales nocturnos de la capital de esa provincia, que serían propiedad de Medina, imputada en el juicio por el secuestro de Marita Verón, junto a sus hijos Gonzalo "El chenguita" Gómez, y hermano mellizo de Fernando, alias "El Chenga", todos domiciliados en La Rioja.
Medina y uno de sus hijos, del cual no se dio a conocer su identidad, quedaron detenidos, y en las próximas horas prestarán declaración ante el juez. La mujer, junto con "El Chenga" y "el Chenguita", están imputados además en el juicio por la desaparición de Marita Verón.
Medina está sospechada de haber retenido a la joven en un prostíbulo de su propiedad, mientras que de Fernando Gómez se cree que fue el proxeneta que violó a Marita y la obligó a tener un hijo con él.
El jefe de la delegación local de la Policía Federal, comisario Fabián Zabala dijo a la prensa que la investigación "estuvo centrada en el tráfico y comercialización de drogas, la marihuana estaba lista para la venta, empaquetada para tal fin", y que pesaba alrededor de un kilo y medio.
Al ser consultado si esto tendría alguna vinculación con el juicio que se desarrolla en Tucumán, Zavala señaló que "por el momento no, ya que se trata de un allanamiento por drogas únicamente", y confirmó finalmente que "los documentos hallados están vinculados con las fotocopias de los Documentos de Identidad de once mujeres mayores y una menor de edad".
Distintas fuentes del Juzgado Federal, que interviene en la causa y se encuentra a cargo del juez Daniel Herrera Piedrabuena, dijeron que cuando se produjeron los allanamientos, Liliana Medina huyó, pero luego se entregó a la policía.
Ahora Herrera Piedrabuena deberá disponer sobre la situación de Medina, porque si decide que continúe detenida deberá acordar con la justicia tucumana para determinar si es trasladada. Su presencia, como imputada en la causa Marita Verón, es imprescindible para la continuidad del juicio.
Procesarían hoy a una testigo por falso testimonio
Es la enfermera Patricia Soria, sospechada de haber entregado a la joven. Según la querella, incurrió en 32 contradicciones.
El juicio por el secuestro y la explotación sexual de Marita Verón se reanudará hoy por la mañana en Tucumán, con las últimas preguntas a la enfermera Patricia Soria, de quien la querella sospecha fue quien en 2002 entregó a la joven a la red de trata. En ese sentido, el tribunal deberá resolver hoy sobre el pedido de procesamiento por falso testimonio de Soria, formulado por el fiscal Carlos Sale y por el abogado José D’Antona, que representa a Susana Trimarco.
Soria era vecina de Marita y –según le contó a su madre– quien le insistió para hacerse colocar un DIU en la Maternidad. Para eso la había puesto en contacto con un empleado de ese hospital, Miguel Angel Ardiles, quien le había conseguido un turno para el 4 de abril. Sin embargo, Ardiles la hizo ir también el día anterior, que fue cuando desapareció.
Precisamente su relación con Ardiles es una de las 17 contradicciones –sobre un total de 32– en las que se basó D’Antona para acusar a la enfermera de falso testimonio, por serias diferencias entre lo que respondió el jueves pasado, y sus declaraciones durante la instrucción: ahora dijo que no sabía dónde vivía Ardiles –sólo el barrio–, mientras que el día de la desaparición de Marita había dado a sus padres la dirección exacta.
En el testimonio mismo del jueves, según el abogado, Soria incurrió en más contradicciones. Dijo que se conocía muy poco con Ardiles, pero sin embargo le enviaba parientes a la Maternidad, para que no le cobraran los bonos; que su contacto era sólo porque pertenecían al mismo gremio (era tesorero de ATSA), pero en otro momento dijo que se debían favores. Soria trató de pintar una imagen promiscua de la víctima: entre otras cosas aseguró que le pedía cajas de 3 preservativos “todos los días”, pero en otro momento dijo que se veían “dos o tres veces por semana”, y que “había semanas en que ni la veía, por razones de trabajo”.
En sus dichos, la enfermera buscó sintonizar con el argumento de las defensas de los 13 imputados, de que Marita se fue por su propia voluntad. Y en ese intento cayó en más contradicciones: no reconoció dos identikits idénticos que figuran en el expediente (un hombre en moto que alguien dijo haber visto con la joven), cuando en sus declaraciones de hace diez años había asegurado que era el cuñado de Marita. Y afirmó que la joven se había ido a vivir sola con su hijita a la casa de sus padres, cuando un rato antes había dicho que con su compañero, David Catalán, eran “una pareja enamorada”.
Por último, sólo la insistencia de D’Antona hizo admitir a Soria que tiene antecedentes en la justicia, ya que está procesada por mala praxis, por la muerte de un niño en 2003.
Ahora, el tribunal debe decidir si la acusa de falso testimonio –como lo pidieron el abogado y el fiscal– y gira las actuaciones a la fiscalía de turno. “Vamos a hacer esto con todos y cada uno de los testigos que mientan, y sabemos que van a venir más testigos a mentir”, prometió D’Antona. Los jueces también deben resolver hoy otros pedidos de la querella: un careo entre Soria y Susana Trimarco, y otro entre Trimarco y María Jesús Rivero, acusada de haber ordenado el secuestro de Marita.
En ese marco, será fundamental la declaración del próximo testigo: Miguel Ángel Ardiles, el empleado de la Maternidad.
Tafi Viejo: rescataron a cinco chicas a las que obligaban a prostituirse
El abogado Carlos Garmendia, quien representa a la familia de Marita Verón, anunció antes de comenzar el juicio que en las últimas horas fueron rescatadas cinco jóvenes que eran obligadas a ejercer la prostitución en un local de Tafí Viejo, ciudad ubicada a cinco kilómetros al norte de la capital tucumana.
Si bien el caso no fue oficialmente confirmado por las autoridades policiales, el abogado destacó que la investigación fue impulsada por la Fundación "María de los Angeles", la primera organización del país contra la trata de mujeres y niñas víctimas de explotación sexual creada por Trimarco.
Marita Verón fue secuestrada el 3 de abril de 2002 tras salir de su casa a pie rumbo a un centro de salud, tras lo cual se constató que había sido obligada a prostituirse. El caso se volvió emblemático en la lucha contra la trata de personas, a raíz del trabajo realizado por Trimarco, quien nunca dejó de buscarla e incluso creó esta fundación que rescata y ayuda a chicas que han sido sometidas a la esclavitud sexual y que ahora suma cinco rescates más
Trimarco contó que a Marita “la violaron, la apuñalaron y la obligaron a tener un hijo”
La mamá de la joven que fue secuestrada por una red de trata continuará su declaración como testigo en el juicio el miércoles. Hoy relató lo que pudo saber de su hija gracias a una de las chicas que logró escapar de un prostíbulo de La Rioja.
Susana Trimarco reanudó hoy su testimonio en el juicio que se le sigue a 13imputados de haber secuestrado y prostituido a su hija. "A Marita laviolaron, la apuñalaron y la obligaron a tener un hijo", contó la mujer,quien dijo que llegó a tener esa información sobre su hija gracias al relato deuna chica que pudo escapar de un prostíbulo de La Rioja.
Al igual que ayer, la mujer realizó un pormenorizado relato de la investigaciónsobre la trata de mujeres que realizó en los últimos diez años. Luego de unaextensa jornada, en la que Susana Trimarco declaró durante más de cinco horas,con un cuarto intermedio de 30 minutos, pero no completó su relato por lo quecontinuará la próxima semana, a partir del miércoles a las 8.30, por el feriadode carnaval del martes.
Durante el tiempo en que investigó la trata, Susana logró infiltrarse en losburdeles para buscar a su hija y tuvo contacto con varias chicas que lograronescapar de los prostíbulos donde eran explotadas sexualmente.
Una de ellas, Andrea, fue quien le dijo a Trimarco que vio a Marita enun burdel de La Rioja. "Cuando la sacan a Andrea en 2003 del Candilejas (un prostíbulo),me manda a llamar. Ella pide hablar con la madre de Marita", dijo Susana,según revela el diario La Gaceta de Tucumán, a través de una cobertura que realiza emsimultáneo por la red social Twitter.
Trimarco explicó que Andrea había sido secuestrada cuando se encontraba devacaciones con una amiga en La Pampa. Sus captores la llevaron directamente al burdel Candy,en La Rioja."Le dieron ropa y como ella (Andrea) no quería prostituirse, le pegaron yla violó Gonzalo Gómez (uno de los 13 imputados en el juicio). También laobligaron a drogarse", detalla.
"Ahí lo vio al Chenga Gómez, a mi hija (Marita) y aun niño que tenía en los brazos. Como lloraba, en la cocina (Marita) habla conella)", prosigue. Trimarco agrega que Andrea le dijo que allí, en elburdel, cruzó algunas palabras con Marita. "Mi hija le dice: ´Hacé loque te dicen, mirá lo que me hicieron a mí´. Y mi hija le muestra unapuñalada en la espalda", señala.
También le confió que Marita le contó que el bebé quetenía en brazos era hijo suyo y del Chenga Gómez. Trimarco también revelóque su hija "le habló (a Andrea) de Micaela (su hija) e hicieron un pacto.La que saliera primero (del burdel), le avisaba a su madre. Andrea cumplió".
"No sabe el sufrimiento para mí saber que es saberque la violaron, la apuñalaron y la obligaron a tener un hijo", se lamentóTrimarco.
La mamá de Marita Verón denunció vínculos políticos de las mafias dedicadas a la trata
“Como estúpida iba a la Casa de Gobierno” sin saber que “ahí estaba la mafia”, expresó. Hoy declaró por tres horas y media ante el tribunal que investiga la desaparición de su hija, secuestrada hace 10 años. Y seguirá mañana. “No le tengo miedo a estas mafias”, reiteró.
El esperado testimonio de Susana Trimarco, madre de Marita Verón, comenzó hoy luego de un nuevo cuarto intermedio dispuesto por el tribunal que lleva adelante el juicio por la desaparición de la joven tucumana, ocurrido hace 10 años, y que tiene a 13 imputados en el banquillo. En su declaración, que se extendió por más de tres horas y seguirá mañana, la mujer acusó al gobierno provincial de entonces de tener vínculos con "mafias" involucradas en el secuestro de su hija. Por entonces, dijo, "como estúpida iba a la Casa de Gobierno. Digo estúpida porque estaba la mafia ahí".
Las declaraciones de Trimarco despertaron un enorme interés, ya que ella buscó a su hija durante 10 años y en todo ese tiempo mantuvo una tenaz lucha contra muchos de los imputados que ahora están en el banquillo de los acusados.
Trimarco formuló duras acusaciones contra el gobierno del justicialista Julio Miranda, a cargo del Ejecutivo provincial en el momento del secuestro de su hija, ocurrido el 3 de abril de 2002, y también contra el primer fiscal que investigó la desaparición, Ernesto Baaclini.
La cuarta jornada comenzó con nuevas declaraciones de Daniela Milhein, una de las 13 personas imputadas en la causa, quien tuvo que extender su relato, que comenzó ayer, por pedido de los abogados defensores de otros involucrados. Una vez que Milhein respondió las preguntas, el tribunal dispuso un nuevo cuarto intermedio para que comience a declarar Trimarco.
Trimarco inició su testimonio ante la Cámara Penal II de Tucumán minutos antes de las 10. La mujer hizo un pormenorizado relato de su situación familiar previa a la desaparición de su hija y, tras un cuarto intermedio de 20 minutos a partir de las 11,20, retomó con un extenso raconto de lo ocurrido desde el 3 de abril de 2002, cuando fue secuestrada la joven, entonces de 23 años.
"Lo único que quiero es que aparezca", aseguró y resumió: "Cuando Marita se fue empezó mi calvario". Según su relato, ese día (el 3 de abril de 2002) su hija salió rumbo a una Maternidad para hacerse unos estudios. No iba a tardar mucho, por eso le dijo a su mamá que a la vuelta ella iba a preparar la comida. Pero no volvió.
"Pasaba el tiempo y yo ya estaba loca. Mica (la hija de Marita) lloraba llamando a su madre", describió Susana. Preocupados, ella y su esposo fueron a la comisaría para hacer la denuncia, pero allí -aseguró- sólo les pusieron trabas. "No nos querían tomar la denuncia hasta que pasaran 72 horas de la desaparición", dice. Después, tuvieron que luchar contra la falta de recursos de la Policía: "Nos decían que no había papel y mi marido iba compraba una resma (...) que no tenían nafta (para los patrulleros) y les dábamos plata".
Tranquila, pero firme, Trimarco empezó a desentrañar la compleja trama de la trata de mujeres que descrubrió al buscar a Marita. "No les tengo miedo a estas mafias", desafió. Y aseguró que "nunca" va a dejar de luchar y de pedir que aparezca. "Yo a mi hija no la voy a dejar. Dios me puso en esto y Dios me va a sacar. Quiero a mi hija", reclamó.
En un primer momento, la mujer, quien en el transcurso de la búsqueda de su hija creó una fundación que rescata a mujeres sometidas a la prostitución, expresó sus sospechas en torno de la vinculación que habrían tenido con la desaparición Miguel Ardiles, empleado de la Maternidad provincial, y Patricia Soria, una vecina de la joven en el barrio Gráficos II de esta capital. Ninguno figura entre los 13 acusados del secuestro que están siendo juzgados.
Trimarco aseguró que cuando recién se inició la búsqueda de su hija el entonces subsecretario de Seguridad de la provincia, Julio Díaz, la envió a buscar ayuda en la remisería Cinco Estrellas, porque "tenían más autos y mejores armas que la Policía" tucumana.
Esa remisería es propiedad de una de las imputadas, María Jesús Rivero, ex esposa de Rubén "La Chancha" Ale, un ex convicto por varios delitos y ex presidente del Club San Martín de Tucumán.
"Para mí tenían fama de delincuentes, no me gustaba esa gente, pero el gobierno nos mandó a los Ale", dijo la testigo, según reveló el diario La Gaceta de Tucumán, a través de una cobertura simultánea que realiza por la red social Twitter. Por entonces, "como estúpida iba a la Casa de Gobierno. Digo estúpida porque estaba la mafia ahí", agregó.
En un comienzo de la búsqueda, aseguró, el fiscal Baaclini "quería que acuse a David" (Catalán), pareja de Marita, de haberla asesinado, a lo que ella se negó, dijo, a pesar de que admitió que mantenía una mala relación con su yerno.
El testimonio de Trimarco fue seguido con gran concentración hasta por policías de la guardia de los Tribunales locales, pero en un momento la calma se alteró cuando los hermanos José Fernando y José Gonzalo Gómez, imputados en la causa, le gritaron a la testigo "no tenemos nada que ver".
Por otra parte, al abrirse la sesión de hoy, dos de los abogados defensores, Cergio Morfil y Carlos Posse, acusaron a la imputada Daniela Milhein de una supuesta connivencia con la querella, luego de que ayer diera detalles de la esclavitud sexual a la que son sometidas muchas jóvenes, ya que ella misma sufrió ese trato.
Quiénes son los acusados
Los 13 imputados en la causa son: Humberto Juan Deroberti, Daniel Natalia Milhein, María Jesús Rivero, Víctor Angel Rivero, Andrés Alejandro González, Domingo Pascual Andrada, José Fernando Gómez, Lidia Irma Medina, María Azucena Márquez, Mariana Natalia Bustos, José Gonzalo Gómez, Carlos Alberto Luna y Cintia Paola Gaitán.
Al filo del juicio, piden que se investigue a más encubridores
Los dos fiscales y los abogados de la querella buscan revelar las pistas sobre el secuestro de la joven tucumana que la Justicia no investigó.
Diez años son mucho en la vida de una joven estudiante de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán y madre de una nena de 3 años, que en un relámpago fue desaparecida de su mundo. Son casi toda la vida de Sol Micaela Catalán, la hija de Marita Verón, quien el miércoles estará mirando los rostros de los trece acusados de secuestrar a su mamá, venderla y convertirla en una esclava sexual, con la esperanza de que a alguno lo carcoman las culpas y diga dónde está. Diez años son una eternidad para Susana Trimarco, la madre de Marita, quien ha removido cielo y tierra para hallarla, y sólo encontró centenares de mujeres y niñas que, igual que su hija, fueron víctimas de trata. Diez años son una exageración en términos de pretensión de justicia, sobre todo cuando se investigó durante menos de tres años, y mal.
Con 155 testigos y tres días de audiencias por semana, el juicio durará más de cuatro meses. No habrá lugar para el aburrimiento, al menos durante el primer mes: algunas personas que deberían estar en el banquillo, declararán como testigos. A otros testigos les harán recién ahora las preguntas que hace una década podrían haber servido para dar con ella.
Los dos fiscales y los cuatro abogados de la querella buscarán ampliar la red de encubrimientos y reconstruir el itinerario de una muchacha de 23 años que el 3 de abril de 2002 salió de la casa de su madre rumbo a la Maternidad, donde una enfermera, vecina de la madre, le había conseguido un turno para hacerse una ecografía, previa a la colocación de un DIU.
“Conocían sus movimientos, sabían que iría caminando” , asegura el abogado Carlos Varela Álvarez. Según un testigo, fue golpeada, secuestrada y subida a un auto con vidrios polarizados, por orden de la acusada María del Jesús Rivero. Una llamada a su madre precisó que era “un remís Cinco Estrellas”, la empresa de radiotaxis de Rivero, ubicada a cuatro cuadras del hospital.
La querella cree que la llevaron a una orgía, donde la drogaron. Quizá se escapó o la soltaron. El 5 de abril por la noche, una enfermera y su hermano la vieron en un paraje a 7 kilómetros de Tucumán: parecía dopada y no podía articular palabra. A la mañana siguiente avisaron a la Policía.
A lo largo de ese sábado 6 se cruzaron con ella tres personas en la zona de la Ramada de Abajo, a 37 kilómetros: continuaba en muy mal estado y apenas balbuceaba. Delante de la última testigo la recogió un patrullero. Los efectivos dicen haberla subido a un ómnibus interurbano, a cuyo chofer pidieron que la dejara en la terminal de Tucumán; una versión que no les cierra a los abogados. Después, nada más.
Recién en junio de 2002, el ex comisario Jorge Tobar –un oficial de Bomberos amigo de los Verón, que investigó a fondo el caso– supo, por una mujer en situación de prostitución, que había sido raptada por una red de trata, y vendida a prostíbulos de La Rioja. Antes había estado en Tucumán y la vecina Yerba Buena, secuestrada por Daniela Milhein y su marido, Andrés González, según contó Fátima Mansilla, otra víctima de trata que durmió a la par de Marita.
Fue el policía riojano Domingo Andrada -otro de los acusados- quien se supone la trasladó a esa provincia. La convirtieron en esclava sexual en los burdeles Candy, Candilejas y El Desafío, cuyos dueños, regentes y madamás enfrentarán ahora a la justicia.
Hasta allí llegó Tobar con una orden de allanamiento; pero el entonces juez Walther Moreno avisó del procedimiento a los proxenetas, y mientras la comisión policial clavaba los frenos, a Marita y a otras víctimas menores de edad las llevaban a la casa del “Chenga” Gómez, regente de El Desafío.
Desde entonces, ya no fue vista por nadie más que se animara a contarlo.
Otra víctima de trata oyó a sus explotadores decir que la habían llevado a España, y se abrió una nueva pista.
En Burgos se detectó una red de trata con conexiones en la Argentina, y se detuvo a una tucumana. Pero la fiscal Adriana Reinoso Cuello ya había decidido dar por terminada la investigación, y la mujer nunca fue interrogada. Esto fue en 2004, hace ocho años.
“Nunca apareció nada sobre Marita muerta. Nadie se quebró nunca, ni dijo dónde está el cuerpo. Entonces, está fuera del país” , afirma el abogado Carlos Garmendia. La insistencia de la madre logró mantener abierta una causa por averiguación de paradero, por la cual sigue implorando al cielo.
A pesar de que están prohibidos por ley desde 1937, los prostíbulos sobre la ruta nacional 38, donde esclavizaron a Marita, siguen funcionando. Con otros nombres. Con otras mujeres explotadas. Como los de Tucumán, los de Córdoba, los de Buenos Aires...
|